El Pantanal seguía siendo un lugar mágico, donde la naturaleza había sido preservada en todo su esplendor. Luana se sintió orgullosa de haber podido contribuir, aunque fuera de manera pequeña, a la protección de este ecosistema único, y se comprometió a seguir luchando por la defensa del medio ambiente en Brasil y en todo el mundo.
Una mañana, Zé le propuso a Luana una aventura en el río. Quería mostrarle un lugar secreto, donde se refugiaban algunas de las especies más exóticas del Pantanal. Luana aceptó, y juntos, abordaron el barco de Zé, un viejo pero resistente esquife, que se deslizaba suavemente sobre las aguas tranquilas del río.
"El corazón del Pantanal"
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